Luis Llorente Oliver. Alumno de TAFAD Guzmán el Bueno. “MI AVENTURA EN GUATE”.

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Mi aventura empezó mucho antes del día que cogí el avión, comenzó el día que decidí empezar a estudiar TAFAD en Madrid en el que más me convenció, TAFAD Guzmán el Bueno. Llevaba persiguiendo una aventura así mucho tiempo y para nada me esperaba que gracias a TAFAD Guzmán el Bueno y a una pequeña pero gran ONG llamada CONI, los cuales colaboran, se hiciera realidad.

Todo empezó con una charla en el centro de entre tantas que nos dan para que, como yo, podamos elegir nuestros caminos. Tras ello, unos mails de ida y vuelta y el apoyo de mi padre. Todo empezaba a coger forma. TAFAD y cursos, TAFAD y charlas, mucho más que solo TAFAD. Eso que dicen, en mi caso, es completamente cierto.
Una vez con todo decidido empecé a hablar con los profesores del mejor TAFAD de Madrid y la idea se fue haciendo realidad. Un alumno del ciclo formativo de TAFAD se iba a Guatemala a realizar las prácticas. Con esto tocó planear todo: buscar billetes, visitar CONI, ser partícipe del voluntariado del TAFAD en Madrid y, con esto, conocer a Lucía y a todo el equipo de Asociación CONI. Una ONG completamente diferente a las demás.

Gracias a Google earht pude hacerme una idea mínima de donde iba a estar, las odiadas vacunas, leerme blogs de antiguos voluntarios y mil cosas más que supongo que a todos nos pasa en nuestra primera gran aventura.

Para próximos alumnos del mejor TAFAD de Madrid, voluntarios, aventureros o quien sa  os quiero dar un consejo, no hagáis ni caso a todos esos que os llaman locos cuando les contéis vuestra idea de viaje, son los primeros que querrán escuchar vuestras vivencias y ver vuestras miles de fotos. En mi caso, desde TAFAD Guzmán el Bueno y CONI fue todo lo contrario y no pararon de animarme a realizarlo.

Según se iba acercando el día del vuelo había más ganas y a la vez más nervios. Tenía las ideas claras, la cabeza preparada y todo listo: la maleta, saco de dormir, los apuntes del ciclo formativo de grado superior de TAFAD, cámara de fotos… solo faltaba que llegara el día.

Llegó el día y ahí estaba yo, con 22 años y sin ”p**a idea de la vida” camino al aeropuerto con una mochila, mi saco de dormir y una maleta para enfrentarme a 3 meses en otro país, otro continente, otra cultura, otra vida… Y siendo sinceros no tenía miedo, tenía muchas ganas, me sentía capacitado para dar clases y hacer talleres, seminarios y educar en todo lo relativo a la educación física durante 3 meses, con mis apuntes y cuadernos con miles de clases preparadas y mil actividades para hacer con los niños de la escuela. Básicamente, con todo lo que había aprendido durante los dos años en TAFAD en Madrid y más que, con ayuda de los profesores y por mí mismo, me había preparado. Todo ello metido en la mochila.

Me sentía preparado, había aprendido muchísimas cosas gracias a mis profesores en TAFAD que me hacían estar tan seguro de mí mismo… Y que equivocado estaba… dos años aprendiendo una burrada  pero simplemente no era consciente de todo lo que me esperaba, no era consciente aún de que todas esas clases preparadas apenas me servirían (¡y mira que me avisaron!), me tocaría adaptar y cambiar miles de cosas, pero no adelantemos acontecimientos…

La despedida con mi familia fue bien, ellos encantados porque se libraban de mi 3 meses y yo feliz de que comenzara el viaje mas importante de mi vida. Charlas de ultima hora, consejos paternos y a facturar. El viaje fue normal supongo, no dormí pero me leí uno de los libros que llevaba y me vi un par de pelis. 10 horas sentado en el avión y sin dormir ni 30 minutos, y yo seguía empeñado en que no estaba nervioso…
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Mi llegada a guate fue sobre las 19:00, me esperaba una señora llamada Ilse que me llevaría a dormir a su casa con su familia para al día siguiente acercarme al autobús “monja blanca” que hace el recorrido Guatemala City – Cobán. El trato con Ilse y su familia fue espectacular, con ellos tuve mi primera cena y mi primer desayuno chapín, benditos desayunos chapines… Con el estomago lleno y con mi maleta y mochila a cuestas, ya estaba preparado para partir hacia el autobús. Solo me faltaban 5 horas de viaje por un país desconocido, 5 horas de carreteras curiosas, por llamarlo de alguna forma sutil, pero con unos paisajes de lo mas impresionante.

 

Y ahí estaba yo, bajándome del autobús en un sitio totalmente desconocido, sin saber donde estaba ni quien me iba a buscar, menos mal que Zuriñe (enfermera vasca con la que coincidiría 3 semanas) y Josep (medico catalán, compañero de vivencias y aventuras, gran amigo y en ocasiones hermano mayor con el que coincidiría algo mas de 2 meses) habían ido a mi rescate, a recogerme del autobús para llevarme a la que seria mi casa durante mi estancia allí. De Cobán a Carcha, dos pueblos separados en 9 kilómetros aproximadamente, fuimos en busito. Y de Carcha a Chahilpec (colonia rural en donde se encuentra la escuela y la casa donde iba a vivir) fuimos en “taxi” debido a la culpa de mi equipaje. Una vez allí me presentaron a la familia que se encargaría de darme de desayunar, comer y cenar durante mi estancia allí, pero no iba a ser solo eso, Sonia y Jorge, sus tres hijos: Francesco, Sonia y Pablito y doña Elena, se convertirían en mi familia chapina, en ellos encontraría el apoyo y el cariño que en ocasiones a todos nos hace falta. En especial en Pablito, el hijo menor de la familia que con sus 4 años y sus incansables travesuras, pasaría a ser, con el tiempo, mi hermano pequeño y mimado.

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Al día siguiente fue el primer día que fui a la escuela y conocí el director William, al resto de profesores y a gran parte de los niños. En realidad me conocieron ellos a mi ya que debido al jet lag y a todas las cosas que me habían pasado en mis ultimas 24 horas no iba a recordar apenas nombres, y mas si tenemos en cuenta que en la escuela son aproximadamente 120 niños.

 

Después de las distintas presentaciones me senté con el director William y concretamos los horarios de mis clases y mantuvimos una conversación que por un lado me emociono muchísimo, pero por el otro me dio una bofetada de pura realidad. Fue el momento donde me di cuenta que la mayoría de clases y demás cosas que lleve preparadas no me iban a servir. ¿En serio pude ser tan iluso cuando prepare cosas en Madrid? Pues si. Nadie imagina un colegio en España donde no haya balones de futbol, de baloncesto, de vóley, canastas, porterías, conos… No me lo creía, no podía ser que no hubiera caído en eso, me iba a un país diferente, a una zona muy muy pobre y aun así no pensé en ningún momento en que material tendría allí… Después de la charla con el director, llegué a casa algo tocado. Llegué dando vueltas a todo, a mi gran cagada. Esa tarde encerrado en la habitación me puse a adaptar algunas clases y convencí a Josep para que me acompañara a Carcha a comprar todo el material que encontráramos. En vez de quedarme lamentando mi error, tocó echarle narices y salir de casa a enmendarlo. A todo esto, fuimos al pueblo que ni siquiera conocía. Esa fue mi primera aventura en San Pedro Carcha: la compra del material.

 

Mi segundo día de escuela no lo olvidare jamás, llegué a la escuela con un par de balones, simplemente un par… En el momento que me vio un niño con un balón de futbol en una mano y uno de baloncesto en la otra, gritó avisando a sus compañeros y alrededor de 30 chicos y chicas salieron corriendo a saludarme y pedirme los balones para jugar. No me conocían de nada y ahí estaban, dándome abrazos y besos simplemente por el hecho de llevarles balones a la escuela. En solo dos días me había dado cuenta de donde estaba realmente y de la suerte que tenía de poder convivir con todos esos niños, para mi aún desconocidos, y que en mis tres meses allí, todos y cada uno de ellos me enseñaría bastante mas de lo que os podéis imaginar.

foto3Poco a poco entré junto a los niños y el resto de profesores en la rutina de la escuela, con mis horas de clase diarias y mi organización de deportes y actividades semanales. Es decir, una semana mis clases de educación física estaban destinadas al futbol, otra al vóley, otra a juegos, otra a atletismo… Sin olvidarme de adaptarme a mis distintos alumnos ya que los mas pequeños, mis patojos de prepa, tenían entre 4 y 5 años y en cambio, en sexto de primaria, tenia algún alumno de hasta 17 años… una diferencia de edades abismal. Al terminar cada semana, como premio, hacíamos distintos torneos o competiciones de los diferentes deportes semanales, siempre con equipos mixtos por mucho que me costara conseguirlo las primeras semanas.

Los fines de semana los dedicábamos a viajar, ya que la escuela cerraba aprovechábamos para conocer el país. Tuve la suerte de conocer a una de las mejores personas que se ha cruzado en mi vida, Vinicio Reyes, que junto con Josep, formamos un trio de viajeros locos y una gran amistad. Subimos volcanes, visitamos la ciudad maya, acampamos en la selva junto a un lago, conocimos la fiesta de antigua y miles de recuerdos y experiencias que no se pueden describir, que hay que vivirlas, experiencias que jamás se olvidan…
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El resto de mi viaje siguió en la misma línea, clases entre semana y viajes los fines de semana, compartiendo un sin fin de momentos con los niños, los profesores, algunas familias de la colonia y el resto de voluntarios. Os podría contar toda mi historia, todas mis vivencias y anécdotas, pero no va a ser así. A cualquier persona que lea esta parte de mi aventura quiero invitarla a que lo haga, a que se lance, a que viva. A los alumnos del que considero el mejor TAFAD de Madrid y del mundo le reto a que vaya y continúe mi viaje, que merece la pena y que se lance. En todo mi viaje aprendí muchísimo y no solo con temas relacionados con las clases, aprendí sobre la vida. Aprendí a valorar realmente las cosas, a dar la importancia que se merece cada momento, objeto o persona. Aprendí a vivir.

 

No podía terminar sin antes dar las gracias a todas las personas que lo han hecho posible, a todas las personas que se han cruzado en mi camino en Guatemala, al director William y el resto de profesores y alumnos y a todos los voluntarios con los que coincidí allí, en especial al Gran Doc Josep.

En particular hay tres personas a las que estoy agradecido por diversos motivos:
-Roi: director de TAFAD Guzmán el Bueno, que convenció a mi padre y culpable de que conociera CONI, ¡¡muchas gracias señor tutor!!
-Alex: director y fundador de CONI, compañero y cómplice de aventuras y gran persona a la que siempre estaré agradecido. Todo un ejemplo de persona.
-Vinicio Reyes: Persona ejemplar, mi hermano chapín. Sin palabras. Gracias, gracias y gracias hermano.

 

Ha sido todo un placer.

Luis Llorente Oliver, madrileño y chapín a partes iguales.foto5

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