EDUCAR A SER DIFERENTE, O UNO MISMO

CUANDO SEA MAYOR

Cuando sea mayor….tendré hijos. A lo mejor no serán tantos como me gustaría, pero, con un poco de suerte, tendré la parejita; por lo típico: uno no, que se le mima demasiado, y serán más de dos dependiendo de cómo vaya la economía doméstica.

Por supuesto serán niños muy bien educados, estudiarán en los mejores colegios, (no, mejor, en el mejor colegio privado en Madrid) tendrán una carrera y nunca les faltará de nada.

¿No es eso lo que todos pensamos?

En base a estas ideas nos hemos educado todas las generaciones desde hace ya unas cuantas décadas.

Nuestros progenitores quisieron darnos lo mejor  y, aunque los cimientos sobre los que se sustentaba esta mentalidad eran buenos, en algún momento se debieron quebrar las vigas.

Se llama buena educación a la que pasa desapercibida (que no moleste mucho y, si lo hace, que yo no me entere). Los mejores colegios siempre son los más caros, aquéllos en los que sólo los que tienen muchos “posibles” pueden meter a sus retoños. Y, por supuesto, uno no es nadie si no tiene una carrera.”

Y qué decir del “nunca les faltará de nada”. Mención especial merece este apartado. Grandes egocéntricos, ególatras y consumistas ha creado esta premisa. Pequeños monstruos de las galletas que siempre quieren más. Y no sólo más, sino mejor. Y, claro está, sin esfuerzo alguno.

La educación y la formación académica, tal y como son hoy en día, producen jóvenes con más o menos teoría de la vida pero con escasa, por no decir nula, práctica real de la misma…

Cuando a las personas no se les enseña a vivir en un término medio, cuando la vida es blanco o negro y lo más importante es destacar por conseguir lo que los demás anhelan; cuando lo menos valorado es el esfuerzo, cuando es más importante tener más que necesitar menos, se genera una sociedad  como en la que ahora vivimos.

Aun así, entre toda esta multitud de despropósitos, aparecen de vez en cuando personas con determinados principios, determinadas actitudes y determinados ideales. No son muchas y, la mayor parte de las veces, su voz apenas se oye entre el griterío que les rodea; pero, si en algún momento te cruzas con una de ellas, no la pierdas de vista. Resetea tu reloj y cédele tu tiempo. Será la forma más inteligente en que puedas emplearlo.

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